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Mujeres Unidas y Activas (MUA): Tejiendo Solidaridad

Por Adriana Briff

Nota: Este artículo fue publicado en la revista virtual Hispanic LA el 10 de septiembre, 2022.
https://hispanicla.com/mujeres-unidas-y-activas-mua-tejiendo-solidaridad-71278

Ser mujer y migrante latina es enfrentarse a la soledad y a los desafíos económicos, sociales y emocionales diarios. Muchas veces nos gana el desánimo frente a los hostigamientos y la discriminación.

Sin embargo hay espacios de encuentro y solidaridad desde donde enfrentar los días y construir la esperanza. Mujeres Unidas y Activas (MUA) es ese espacio de encuentro y solidaridad. Un entramado de hermandad como las prendas que nuestras abuelas fueron tejiendo en las noches de invierno de nuestras infancias y hoy nos amparan del frío de la vida.

El pasado mes, Mujeres Unidas y Activas, del área de la bahía de San Francisco, organizaron junto con NAKA Dance Theater y el Centro Arte de Richmond, un taller de creación manual para reflexionar sobre las distintas temáticas que atraviesa el colectivo femenino migrante.

Las miembras de MUA impartieron el taller usando diversos materiales como telas, hilos y papel para reflexionar sobre tres conceptos: corazón, comunidad y frontera. Tres ideas emblemáticas que atraviesan la vida de toda mujer migrante.

Un taller para sanar

Leticia, la miembra encargada de coordinar el taller junto con Luciana, otra colaboradora, inició la jornada con una invitación: redefinir las palabras «comunidad», «corazón» y «frontera» desde los propios anhelos, los propios sueños y las propias convicciones.

“Vamos a adueñarnos de la palabra elegida. Una frontera puede ser para nosotros, algo muy diferente que lo que se nos ha impuesto como un lugar de exclusión.”

En un círculo de sillas, sobre el patio del Centro de Arte de Richmond, las mujeres se abocaron a la tarea, hermanadas por esta convocatoria. Un espacio seguro donde se sienten contenidas.

Alicia eligió trabajar desde su propio concepto de frontera. Han pasado más de 29 años y todavía se le corta la voz al verbalizar esta palabra. Su relato está aún impregnado de la arena áspera de la experiencia dura del desierto que tuvo que cruzar y que la alejó de su casa para siempre.

Nunca más pudo volver a su México natal.

Quienes hemos emigrado desde el privilegio del pasaporte, el avión y la valija, no podemos imaginar el dolor que queda en el cuerpo y en el corazón de estas mujeres que han atravesado la frontera arriesgando sus vidas.

Historias de dolor que no cuentan, pero que traen en la voz que se desgaja cuando la memoria revive la travesía. El dolor de haber dejado sus casas, sus familias, sus objetos, sus olores.

Muchas de ellas enfrentan todos los días la dura disyuntiva de criar como propios, niños de otros; habiendo tenido que dejar sus propios hijos por la necesidad imperiosa de generar dinero para sustentarlos.

Es un alto precio no poder volver a ver a los suyos, no poder volver para velar a sus muertos y viviendo sin solución en esta ilegalidad que las pone en las  márgenes del lugar que habitan.

“Perdimos nuestro tierra y acá no pertenecemos”, dice una participante mientras expone su trabajo. Ella ha elegido diseñar un corazón partido.

La construcción de una nueva familia

Para estas mujeres, MUA es esa familia, ese hogar, ese lugar de escucha, donde pueden confiar sus dolores y sus penas sabiendo que serán entendidas y cuidadas. Un lugar a salvo de la discriminación y el miedo constante que da «ser ilegal».

Doña Julita tiene más de 70 años y vive desde hace tiempo en el barrio La Misión, en San Francisco. Esa tarde esperó en una esquina que una colaboradora de MUA pasara a buscarla en su auto para llevarla a Richmond. En agradecimiento, le tejió un almohadón en crochet. Julita es viuda y ha dejado en Guatemala a sus hijos y a sus nietos. “Acá me he quedado”, dice.

“No manejo porque el costo del gas se ha vuelto imposible y las multas de parqueo también son altísimas. Si recibimos una multa, ni vale haber salido a trabajar. Así que yo ando en (el tren) Bart y me he memorizado todos los recorridos”.

Con una sonrisa cuenta la buena suerte de haber encontrado un autobús gratis que la lleva desde la estación de subterráneo hasta el centro de la ciudad de Walnut Creek donde trabaja. “De allí camino hasta la casa donde voy a limpiar dos veces por semana. Todo está muy caro, ahora”, remarca Julita que emigró a California en 1986.

Las mayoría de las mujeres, son trabajadoras del hogar. El sábado es ese día feriado, ese día personal para estar con sus compañeras.

Van presentando sus trabajos, explican sus dibujos y diseños. Muchas de ellas recrean en sus dibujos, los nopales y los nogales, las plantas de esos jardines que dejaron atrás. Ellas vinieron a plantar, con su esfuerzo, semillas de esperanza en esta tierra que no las reconoce como ciudadanas legales pese al tiempo que llevan habitando aquí.

En MUA encuentran un terreno que las contiene, las convoca para reconocerse, para reafirmarse en sus identidades y para dejar de ser invisibles.

La historia de MUA

Desde su inicio en 1989, MUA ha mantenido la doble misión de fortalecer a las mujeres migrantes latinas y ejercer el activismo en defensa de los derechos migrantes y la justicia social.

Desde un trabajo comprometido y constante, ha permitido que ciento de mujeres salgan de la violencia doméstica y se conviertan en líderes de la comunidad que apoyan y defienden los derechos de los migrantes y las luchas sociales por una mayor justicia.

En 1993 MUA ganó el derecho de protecciones para las mujeres inmigrantes sobrevivientes, que está incluido en la Ley Federal de Violencia contra la Mujer (VAWA). Se movilizó contra la Proposición antiinmigrante 187 y también se manifiestó contra las devastadoras propuestas nacionales de reformas de bienestar e inmigración. Luchó con éxito contra los intentos de Pete Wilson de eliminar el derecho de las mujeres inmigrantes a la atención prenatal y cuidado y lanzó la campaña “Caring Hands”, en 1994, para construir la seguridad económica de las mujeres inmigrantes.

En 1998 MUA logró el sueño de abrir su segunda oficina en Oakland, California. Allí organiza capacitaciones, con padres líderes de la Asociación Progresista China, que buscan mejorar los derechos de los inmigrantes en el distrito escolar de San Francisco. A su vez, a través del Fondo de Prevención a la Violencia Familiar, comenzó a ofrecer servicios de asistencia técnica.

En 2004, MUA comenzó a liderar otro esfuerzo promoviendo la Declaración de los Derechos de las Trabajadoras del Hogar de California, ley que finalmente se aprobó en 2016.

Desde entonces, MUA confrontó la creciente amenaza de deportaciones trabajando para fortalecer la ley santuario local y estatal, incluida la aprobación de AB 54 (la Ley de VALORES de California) y AB 32 (fin de los contratos privados de detención de inmigrantes en California).

MUA también es cofundador de SFILEN (Red de Educación Legal para Inmigrantes en San Francisco) y de su homóloga ACILEP ( Asociación de Educación Legal para Inmigrantes del Condado de Alameda), trabajando para fortalecer las políticas de santuario locales.

Los duros años de Trump

Las miembras de MUA lideraron decenas de protestas contra la separación de familias y, en 2018, lanzaron el proyecto Defensoras, para apoyar a las mujeres que buscan asilo y/o confrontan la posibilidad de ser deportadas.

En 2018, Juana Flores, codirectora y miembra fundadora de MUA, se convirtió en directora ejecutiva. Un hito en el liderazgo de los miembros. En el 2019, lanzó una nueva campaña para defender el derecho de asilo, que se concretó en 2021.

Defensoras tuvieron una participación activa al declarar en el nuevo Departamento de Justicia liderado por el fiscal Merrick Garland y ayudaron a revertir las políticas implementadas por Donald Trump que negaban el asilo a las sobrevivientes de violencia doméstica.

Los servicios y programas de capacitación de MUA continúan creciendo. Primero, a través de dos programas piloto en Fremont y Hayward y luego, en 2018, al consolidar esos programas en un sitio más permanente en Union City.

El personal de MUA desarrolla un plan de estudios para capacitar a las agencias principales en la prestación de servicios culturalmente sensibles para inmigrantes latinas sobrevivientes, a través de la Red de Violencia Doméstica Culturalmente Apropiada, y líderes de MUA viajan por todo el estado para brindar capacitación al personal de los refugios VD y a las agencias gubernamentales.

La pandemia y su gran impacto

Cientos de miembras perdieron sus empleos y muchas contrajeron COVID. MUA trabajó con sus redes de aliados para establecer la distribución de alimentos y dar ayuda efectiva a quienes la precisaran, a través del Fondo de Ayuda para Familiares Inmigrantes con COVID-19 de MUA. Se distribuyeron más de $800,000 a unas 650 familias inmigrantes.

MUA cambió todos sus programas para operar de forma remota.

A través de talleres regulares en Facebook, MUA ha dado entrenamiento y contención a cientos de familias aisladas durante la pandemia.

Una de las tareas primordiales de MUA es la de preparar a sus miembras para movilizar el voto latino y realizar actividades políticas a través de campañas de divulgación digital.

En el año 2021, MUA y otros integrantes de la Coalición de Trabajadoras del Hogar de California re-introdujeron el proyecto de ley de Salud y Seguridad para las Trabajadoras del Hogar, consiguiendo que esta vez el gobernador Newson lo firmara. Después que cientos de trabajadoras del hogar y cuidadoras de pacientes fueran expuestas a COVID en el trabajo, la ley es un paso adelante para que estas trabajadoras tengan el derecho a protecciones laborales básicas.

En sus proyectos de arte, muchas de las mujeres en el taller eligen diseñar mariposas. La mariposa es el símbolo de MUA. Es la oruga que, lentamente, va despegando sus alas para volar. En MUA, las mujeres migrantes se saben respaldadas para generar herramientas concretas que las ayuden a defenderse de la injusticia racial, la violencia de género y la injusticia económica.
Habiendo luchado durante más de 30 años, Mujeres Unidas sabe que no retrocederá. Han construido una herramienta para hacer frente a la adversidad, desde la solidaridad.

Para más información, visite www.mujeresunidas.net o busque Mujeres Unidas y Activas en Facebook e Instagram.

 

Perfil del autor

Adriana Briff
Adriana es educadora en el Distrito de San Carlos, California.Tiene una licenciatura en Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Políticas, de la Universidad Nacional de Rosario. Madre de Dante, un joven autista de 23 años, Adriana disfruta en escribir crónicas diarias, que ella ha titulado «Fotos con palabras». Sus textos pueden verse en Facebook. También ha publicado en las revistas Urbanave y en Brando, del Diario Nación y Página 12 Rosario.

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Yael Falicov

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